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Locus Solus
Raymond Roussel
Los Inrockuptibles, marzo de 2004

Ingeniero onírico

Martial Canterel recibe visita en su propiedad monumental, una finca llamada "Locus Solus", lugar solitario. A lo largo de una tarde interminable, que adquiere el carácter de un itinerario iniciático, el sabio ilustre expone cada una de las maravillas que pueblan la hermosa villa de Montmorency, maravillas que van desde una estatua antigua hecha de tierra que representa a un niño desnudo y sonriente, hasta la vidriera gigante detrás de la cual cadáveres intactos, conservados gracias a un líquido, la resurrectina, representan los últimos instantes de su vida. Toda la maquinaria más extravagante fue concebida por Roussel siguiendo un "método" absolutamente propio, por medio de retruécanos y combinaciones fonéticas y juegos de palabras, tal como lo testimonia el texto póstumo Cómo escribí algunos libros míos. Al igual que en Impresiones de África (en español contamos con una traducción de Estela Canto, publicada en 1973 por Ediciones de la Flor) esta traducción de Locus Solus (realizada por Marcelo Cohen) está a la altura del original (Lástima alguna que otra errata de la edición). Hasta ahora en español contábamos con una traducción hecha por José Escué y Juan Alberto Ollé, publicada en 1970 por Seix Barral, en España.
La máquina rousseliana de narrar funciona en Locus Solus de la misma manera que lo hacía en Impresiones de África, sólo que con otro ritmo. En Impresiones… se asistía a una serie de representaciones teatrales que el narrador se ocupaba de explicar y dilucidar a partir del capítulo 10 —se presentan entonces dos posibilidades de lectura: sumergirse en el libro desde el primer capítulo y asistir luego a la recomposición aparentemente mágica de lo que se leyó, o comenzarlo por el capítulo décimo y retomar las primeras páginas al concluir la obra, para asistir al gran desfile teatral de los festejos de Ponukele. De ahí que se lo considere el antecesor directo de Rayuela, de Julio Cortázar. Por su parte, en Locus Solus la variación del ritmo se da en tanto que se explicación (en un tono que recuerda el exotismo de Las mil y una noches). Y es que cualquier texto de Roussel es, antes que nada, un objeto poético que permite todo tipo de análisis y a todo nivel —semiológico, estilístico— sin agotar en ningún caso su capacidad de fascinar al mejor estilo Julio Verne, por quien, es sabido, sentía verdadera veneración.
Rara suerte la de Raymond Roussel en Argentina. También acaba de aparecer, en una "edición de balde" de 500 ejemplares, gratuita, Flio, un texto inconcluso que el escritor entregó en 1914 a Eugene Leiris. Y el Diario de Poesía anuncia para su próximo número la publicación de un relato póstumo, En La Habana. Tanto Flio como En La Habana están traducidos por Damián Tabarovsky.